Qué es el ego según Un Curso de Milagros

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El ego: La mente que eligió ovidar

Llevas tiempo estudiando Un Curso de Milagros, quizás años, y aún así hay momentos en los que sientes que estás luchando contra ti mismo sin saber exactamente contra quién.

Lees sobre el ego, reconoces sus patrones, ves cómo ataca, cómo se defiende, cómo proyecta. Pero cuando intentas explicar qué es realmente el ego, algo se te escurre entre los dedos. No es el cuerpo. No es tus pensamientos cotidianos. No es exactamente tu mente tampoco, aunque la mente esté involucrada.

Entonces ¿qué es?

El ego no es una cosa. Eso es lo primero que necesitas entender, y es lo que hace que sea tan difícil de ver. No es un objeto, no es una entidad separada dentro de ti que puedas señalar y decir “ahí está”. El ego es un sistema de pensamiento. Es una manera de interpretar la realidad, una forma de estar en el mundo que se construyó sobre una sola creencia fundamental: que la separación es real.

Pero espera. Eso suena simple. Demasiado simple.

La razón por la que el ego es tan difícil de comprender es que tú eres el ego mientras lo observas. Es como pedirle a un pez que describa el agua. El pez nada en ella, respira a través de ella, la ve como la realidad misma. No puede salir de ella para analizarla.

Así estamos nosotros con el ego. No estamos separados de él observándolo desde afuera. Estamos dentro de su sistema de pensamiento, viendo el mundo a través de sus lentes, creyendo que lo que vemos es lo que es.

La diferencia crucial: mente vs. cerebro, pensamiento vs. contenido

Este es uno de los problemas que podemos tener como estudiantes del Curso: Confundir niveles. Y esa confusión es, de hecho, parte de la estrategia del ego.

Cuando hablamos de “mente” en Un Curso de Milagros, no estamos hablando del cerebro. El cerebro es forma. Es materia. Es lo que los científicos pueden diseccionar, medir, fotografiar. La mente es algo completamente diferente. La mente es donde ocurren las decisiones. Es donde elegimos. Es donde reside el poder. Y la mente no reside en el cerebro.

Piénsalo así: el cerebro es como el hardware de una computadora. La mente es el software, el sistema operativo, o mejor un programa en la “nube” que utilizas en tu navegador y decide qué hacer con ese hardware. El cerebro puede estar perfectamente sano, pero si el programa está corrompido, o infectado por un virus todo lo que haga será corrupto.

Ahora bien, dentro de esa mente hay dos sistemas de pensamiento disponibles. Dos formas completamente diferentes de procesar la realidad.

El primero es el sistema de pensamiento del ego. El segundo es el sistema de pensamiento del Espíritu Santo. Y luego está la parte de la mente que elige entre ellos. Esa parte no tiene nombre en el Curso, pero es crucial: es el tomador de decisiones. Es , en tu capacidad de elegir.

El ego no es el tomador de decisiones. El ego es lo que el tomador de decisiones eligió creer. Es una creencia que se convirtió en un sistema, que se convirtió en una forma de vida, que se convirtió en un mundo entero.

Cuando hablamos de tus pensamientos cotidianos —esa voz en tu cabeza que te dice que no eres suficiente, que debes protegerte, que los demás son una amenaza— eso no es el ego en sí. Eso es el contenido del ego. Son las manifestaciones, los síntomas, las conclusiones lógicas que surgen del sistema de pensamiento del ego. El ego es la estructura subyacente. Es el código fuente.

NivelQué esDónde existePuedes verlo directamente
CerebroMateria física, órgano biológicoEn el cuerpoSí, con tecnología
Pensamientos cotidianosContenido mental, voz interna, narrativasEn la mente, pero como manifestaciónSí, los experimentas
Sistema de pensamiento del egoEstructura subyacente, forma de interpretarEn la mente, como arquitecturaNo, solo sus efectos
Tomador de decisionesLa capacidad de elegir entre sistemasEn la mente, como poderSolo cuando tomas conciencia

Cómo surgió el ego: La historia que explica todo

El ego no surgió de la nada. No fue un accidente cósmico. Fue una elección.

Imagina esto: existe una Mente. Una sola Mente. La Mente de Cristo,en perfecta unidad con Dios. Completa, unificada, conociendo su verdadera naturaleza como Hijo de Dios.

Esa Mente experimenta todo lo que existe: amor infinito, unidad absoluta, seguridad total. No hay separación. No hay miedo. No hay carencia.

Pero dentro de esa Mente unificada surge un pensamiento. Un pensamiento extraño. Un pensamiento que dice: “¿Y si fuera separado? ¿Y si pudiera existir por mi cuenta? ¿Y si no fuera parte de Dios, sino algo independiente?”

Ese pensamiento no es verdadero. Nunca fue verdadero. Pero fue pensado. Y aquí está lo crucial: el poder de la mente para pensar es tan absoluto que, en el momento en que ese pensamiento fue pensado, la mente que lo pensó experimentó la ilusión de que era verdadero.

No cambió la realidad. Dios no fue destruido. No se separó de su fuente. El Cielo no fue afectado. Pero la mente que pensó ese pensamiento se creyó separada. Y esa creencia en la separación es el ego.

El ego es, entonces, la creencia en la separación. Nada más. Pero esa creencia es tan profunda, tan fundamental, que genera todo un sistema de pensamiento para mantenerla viva. Porque si la separación no es real, entonces el ego no existe. Y el ego, por supuesto, quiere existir.

Así que ¿qué hace? Crea un mundo. Crea un cuerpo(s). Crea una historia de culpa y miedo tan convincente que la mente que la cree nunca se atreve a cuestionarla.

Piénsalo: si realmente creyeras que destruiste a Dios con tu pensamiento, ¿no harías todo lo posible para esconderte? ¿No crearías un mundo donde pudieras negar lo que hiciste? ¿No te identificarías con un cuerpo pequeño, vulnerable, mortal, para que la idea de que destruiste algo infinito pareciera absurda?

Si te identificas con el ego, no podrás sino percibirte a ti mismo como culpable. Siempre que le hagas caso al ego experimentarás culpa y temerás ser castigado. El ego es literalmente un pensamiento aterrador. Por muy ridícula que sea para una mente sana la idea de atacar a Dios, nunca olvides que el ego es demente. De ahí procede el miedo a las represalias externas, ya que el sentimiento de culpa es tan intenso que tiene que ser proyectado. (T-5.V.3:5-8,11)

Eso es exactamente lo que pasó. Y eso es lo que el ego es: una defensa contra la culpa de creer que cometiste el pecado innombrable.

El mecanismo del ego: negación, proyección y especialismo

Ahora que entiendes qué es el ego, necesitas ver cómo funciona. Porque el ego no es estúpido. Es brillante. Demasiado brillante.

El primer mecanismo es la negación. El ego niega lo que realmente somos. Niega que somos mente. Niega que tenemos poder. Niega que podemos elegir. En su lugar, nos dice: eres un cuerpo. Eres débil. Eres víctima de circunstancias que no puedes controlar.

¿Por qué? Porque si reconociéramos que somos mente, si reconociéramos nuestro poder de elegir, podríamos elegir de nuevo. Podríamos elegir al Espíritu Santo en lugar del ego. Y eso sería el fin del ego.

El segundo mecanismo es la proyección. El ego toma la culpa que siente —esa culpa por creer que nos deparamos de Dios— y la proyecta hacia afuera. La pone en el mundo. La pone en otras personas. De repente, el problema no es la creencia en la separación. El problema es que otros te atacan, te juzgan, te rechazan. El problema es el mundo.

Cuando proyectamos, hacemos dos cosas simultáneamente: negamos nuestra responsabilidad y creamos enemigos. Y los enemigos justifican la defensa. La defensa justifica el miedo. El miedo justifica la necesidad del ego. Es un círculo perfecto.

El tercer mecanismo es el especialismo. El ego nos convence de que somos especiales. Diferentes. Que tu caso es único. Que tu dolor es más profundo, tu amor es más verdadero, tu espiritualidad es más avanzada.

¿Por qué? Porque si fueramos como todos los demás, si reconociéramos que todos compartimos la misma mente dividida, la misma necesidad de despertar, entonces no habría separación entre nosotros y los demás, entre tú y los demás. Y sin separación, no hay ego.

MecanismoQué haceCómo se ve en la vidaSu propósito oculto
NegaciónNiega tu poder mental y tu capacidad de elegirTe sientes víctima, impotente, atrapadoEvitar que reconozcas tu responsabilidad
ProyecciónColoca la culpa en el mundo y en otrosVes enemigos, injusticia, ataqueMantener la culpa fuera de tu conciencia
EspecialismoTe convence de que eres único y diferenteBuscas validación, temes ser ordinarioReforzar la separación entre tú y otros

Esto es lo que era el ego: el odio cruel, la necesidad de venganza y los gritos de dolor; el miedo a la muerte y el deseo de matar; la ilusión de no tener hermanos y el yo que parecía estar solo en el universo. (C-2.8:1)

Lo que el ego realmente teme

Aquí es donde todo se vuelve transparente. El ego tiene un miedo fundamental. Un miedo que lo aterroriza. Un miedo que lo hace actuar de formas cada vez más desesperadas.

El ego teme la Expiación.

La Expiación es el recordatorio de que la separación nunca ocurrió. De que la creencia en la separación fue un error, pero un error que no cambió nada. Dios sigue siendo Dios. El Cielo sigue siendo el Cielo. Seguimos siendo lo que siempre fuimos: el Hijo de Dios, completo, unificado, sin culpa.

Si reconociéramos esto, si realmente lo creyéramos, el ego desaparecería, simplemente porque ya no habría creencia que lo sustentara.

Así que ¿qué hace el ego? Se vuelve vicioso. Cuando empezamos, cuando empiezas a acercarte a la verdad, cuando empiezas a escuchar al Espíritu Santo más que al ego, el ego ataca. Y ataca con todo lo que tiene.

Las emociones del ego varían desde la suspicacia hasta la perversidad. Cuando realmente empiezas a tomar al Espíritu Santo en serio, el ego se torna hostil. Las cosas parecen ponerse difíciles. Muy difíciles.

Pero aquí está lo que el Curso quiere que entiendas: eso es una buena señal. Cuando las cosas se ponen peor, es cuando realmente podrían estar mejorando. Porque el ego solo ataca lo que lo amenaza. Si el ego se está volviendo hostil, es porque estás en el camino correcto, estás amenazando su existencia.

La apacible y queda Voz que habla en favor de Dios no se ve ahogada por los estridentes gritos e insensatos arranques de furia con los que el ego acosa a aquellos que desean escucharla.

(T-21.V.1:6)

El ego y el cuerpo: una alianza perfecta

El ego no podría existir sin el cuerpo. Y el cuerpo no podría mantenerte sin mente sin el ego. Es una alianza perfecta.

Al percibir en tu mente algo ajeno a sí mismo, el ego hace del cuerpo su aliado porque el cuerpo no forma parte de ti. Esto hace del cuerpo el amigo del ego. Esta es una alianza claramente basada en la separación. (T-6.IV.4:5-7)

El cuerpo es la encarnación del ego. Es el pensamiento de separación que toma forma. Es la prueba viviente de que la separación es real. Porque si eres un cuerpo, entonces eres separado de otros cuerpos. Eres vulnerable. Eres mortal. Eres culpable.

Pero aquí está lo importante: el cuerpo en sí no es el problema. El problema es la identificación con el cuerpo. Es creer que eres el cuerpo. Que tu identidad está en la forma. Que tu valor depende de lo que el cuerpo puede hacer o parecer.

El ego necesita que creas que eres un cuerpo porque eso te mantiene sin mente. Y si no eres consciente de tener una mente, no puedes cambiarla. No puedes elegir de nuevo.

El ego se vale del cuerpo para conspirar contra tu mente, y puesto que el ego se da cuenta de que su “enemigo” puede acabar con él y con el cuerpo reconociendo simplemente que no forman parte de él, se une al cuerpo para llevar a cabo un ataque conjunto.

(T-6.IV.5:1)

Así que el ego invierte toda su energía en mantener tu atención en el cuerpo. En sus necesidades. En su apariencia. En su supervivencia. En sus placeres y dolores. Mientras tu atención esté en el cuerpo, no está en la mente. Y mientras no esté en la mente, el ego está seguro.

La culpa: el combustible del ego

Hay algo que alimenta todo esto. Algo que mantiene el sistema funcionando. Algo sin lo cual el ego colapsaría instantáneamente.

Es la culpa.

Si el ego es el símbolo de la separación, es también el símbolo de la culpabilidad. La culpabilidad es más que simplemente algo ajeno a Dios. Es el símbolo del ataque contra Dios. Este concepto no tiene ningún sentido, excepto para el ego, pero no subestimes el poder que el ego le aporta al creer en él. Esta es la creencia de donde procede toda culpabilidad. (T-5.V.2:8-12)

El ego no es realmente sobre el miedo. Es sobre la culpa. El miedo es solo la reacción a la culpa. Crees que eres culpable de separar a Dios, así que tienes miedo de que Dios te destruya. Crees que eres culpable de atacar a otros, así que tienes miedo de que te ataquen. Crees que eres culpable de existir, así que tienes miedo de morir.

Pero la culpa es lo fundamental. Y aquí está lo que hace que sea tan difícil de ver: el ego no quiere que reconozcas tu culpa. Quiere que la niegues. Quiere que la proyectes. Quiere que la entierres tan profundamente que ni siquiera sepas que está ahí.

Porque si reconocieras tu culpa, si la mirases directamente, entonces podrías hacer algo con ella. Podrías perdonarla. Y el perdón es lo único que disuelve la culpa.

Cuando te sientas culpable, recuerda que el ego ciertamente ha violado las Leyes de Dios, pero no. (T-4.IV.5:1)

El Curso no es realmente sobre el amor. Es sobre la culpa. Porque el amor no puede fluir mientras haya culpa bloqueando el camino. El Curso quiere que reconozcas tu culpa, que la mires sin atacarte a ti mismo, y que luego permitas que el perdón la disuelva. Cuando la culpa se va, el amor aparece naturalmente. No porque lo hayas hecho. Sino porque ya no hay nada bloqueando su camino.

La culpabilidad te ciega, pues no podrás ver la luz mientras sigas viendo una sola mancha de culpa dentro de ti. No tengas miedo de mirar en tu interior. El ego te dice que lo único que hay dentro de ti es la negrura de la culpabilidad, y te exhorta a que no mires. Contempla, pues, la luz que Él puso dentro de ti y date cuenta de que lo que temías encontrar ahí ha sido reemplazado por el amor. (T-13.IX.7:1,8:1-2,13)

El ego y el Espíritu Santo: dos maestros, dos direcciones

Aquí es donde todo se vuelve práctico. Porque no estás solo en tu mente. Hay otro sistema de pensamiento disponible. Hay otro Maestro.

El ego habla primero. Siempre. El ego es la voz que dice “protégete”, “ataca antes de ser atacado”, “eres especial”, “los demás son una amenaza”. El ego es la voz que interpreta todo a través del lente de la culpa y el miedo.

El ego siempre habla primero. Es caprichoso y no le desea el bien a su hacedor. (T-6.IV.1:2-3)

El Espíritu Santo es la respuesta. El Espíritu Santo es la voz que dice “eres inocente”, “todos somos uno”, “el perdón es posible”, “no hay enemigos reales”. El Espíritu Santo interpreta todo a través del lente de la inocencia y el amor.

El Espíritu Santo no es el que habla primero, pero siempre contesta. (T-6.IV.3:2)

Pero aquí está lo crucial: ambas voces están en tu mente. Ambas están disponibles. Y tú, el tomador de decisiones, estás constantemente eligiendo entre ellas.

Cada vez que juzgas, estás eligiendo al ego. Cada vez que perdonas, estás eligiendo al Espíritu Santo. Cada vez que ves a alguien como separado de ti, como diferente, como amenaza, estás eligiendo al ego. Cada vez que reconoces que compartimos la misma mente, la misma necesidad, la misma inocencia, estás eligiendo al Espíritu Santo.

Si no puedes oír la Voz de Dios es porque estás eligiendo no escucharla. Pero que escuchas a la voz de tu ego lo demuestran tus actitudes, tus sentimientos y tu comportamiento. (T-4.IV.1:1-2)

No es que el Espíritu Santo esté afuera esperando a que lo invites. El Espíritu Santo está dentro de tu mente, esperando a que dejes de escuchar al ego el tiempo suficiente para escucharlo a Él.

Lo que el ego quiere que creas sobre ti mismo

El ego tiene una narrativa. Una historia que cuenta sobre quién eres. Y esa historia es tan convincente, tan detallada, tan coherente, que la mayoría de las personas la creen completamente.

El ego quiere que creas que eres:

  • Un individuo separado: Que tu identidad está en tu cuerpo, tu nombre, tu historia personal. Que eres diferente de todos los demás de formas fundamentales.
  • Culpable: Que has hecho cosas malas. Que mereces castigo. Que hay algo fundamentalmente equivocado en ti.
  • Vulnerable: Que puedes ser herido. Que otros tienen poder sobre ti. Que necesitas defenderte constantemente.
  • Especial: Que tu caso es único. Que tu dolor es más profundo. Que tu amor es más verdadero. Que tu espiritualidad es más avanzada.
  • Mortal: Que tu existencia tiene un final. Que la muerte es real. Que el tiempo es real y se está acabando.

Cada una de estas creencias refuerza la creencia en la separación. Y cada una de ellas es falsa.

Dicho llanamente, el intento de culpabilizar va siempre dirigido contra Dios, pues el ego quiere que creas que Dios y solo Él, es culpable, lo cual deja a la Filiación vulnerable al ataque y sin ninguna protección contra él. (T-16.V.2:1-2)

La verdad es exactamente lo opuesto. Eres mente. Eres inocente. Eres invulnerable. Eres uno con todos. Eres eterno.

Pero el ego no quiere que lo sepas. Porque si lo supieras, el ego desaparecería.

El rol del perdón: la única salida

Aquí es donde el Curso te ofrece una salida. No una salida del mundo. No una salida del cuerpo. Una salida del sistema de pensamiento del ego.

Esa salida es el perdón.

Pero el perdón en Un curso de Milagros no significa lo que crees que significa. No significa decir “te perdono por lo que hiciste” a alguien que crees que te hirió. Eso es perdón del ego. Eso refuerza la separación.

El perdón en el Curso significa reconocer que lo que crees que pasó nunca pasó realmente. Significa ver que la persona a la que crees que necesitas perdonar es inocente. Que tú eres inocente. Que no hay culpa real en ningún lado.

Si perdonas completamente es porque has abandonado la culpabilidad, al haber aceptado la Expiación y haberte dado cuenta de que eres inocente. (T-14.I.1:7)

Cuando perdonas de verdad, no estás perdonando un acto. Estás reconociendo que el acto fue una ilusión. Que la separación que parecía ocurrir nunca ocurrió. Que la culpa que parecía real nunca fue real.

Lo único que debes perdonar son las ilusiones que has albergado contra tus hermanos. Su realidad no tiene pasado, y lo único que se puede perdonar son las ilusiones. (T-16.VII.9:2-3)

Y cuando haces eso, algo cambia en tu mente. La culpa se disuelve. El miedo se disuelve. Y lo que queda es paz.

Vivir en el mundo sin ser del mundo

El Curso no te pide que abandones el mundo. No te pide que abandones el cuerpo. No te pide que dejes de vivir tu vida.

Te pide algo mucho más radical: que vivas tu vida sin creer que eres un cuerpo. Que vivas en el mundo sin creer que el mundo es real. Que interactúes con otras personas sin creer que están separadas de ti.

El cuerpo no existe, excepto como un recurso de aprendizaje al servicio de la mente. (T-2.V.1:9)

Eso suena imposible. Pero no lo es. Porque la verdad es que ya estás haciendo lo opuesto. Ya estás viviendo en el mundo creyendo que es real. Ya estás interactuando con otras personas creyendo que están separadas. Y eso es lo que te mantiene atrapado.

Antes de la “separación”, que es lo que significa la “caída”, no se carecía de nada. La única carencia que realmente necesitas corregir es tu sensación de estar separado de Dios. Esa sensación de separación jamás habría surgido si no hubieras distorsionado tu percepción de la verdad percibiéndote así a ti mismo como alguien necesitado. (T-1.VI.1:6,2:1-2)

Lo que el Curso te pide es que simplemente cambies de maestro. Que dejes de escuchar al ego y empieces a escuchar al Espíritu Santo. Que dejes de interpretar el mundo a través de la culpa y empieces a interpretarlo a través del perdón.

Cuando haces eso, el mundo no desaparece. Pero tu experiencia del mundo cambia completamente. Ves belleza donde antes veías amenaza. Ves inocencia donde antes veías culpa. Ves unidad donde antes veías separación.

Si quieres tener entendimiento e iluminación aprenderás que eres Luz, ya que tu decisión de aprender esto es la decisión de querer escuchar al Maestro que sabe de luz y que, por lo tanto, puede enseñarte lo que es. (T-8.III.1:4)

El viaje de despertar: lento, pero seguro

Aquí está lo que el Curso quiere que entiendas sobre el proceso de despertar del sueño del ego:

No es rápido. No es fácil. Pero es seguro.

El miedo a que Dios te destruya si abandonas el escondite del cuerpo es tan extremo que necesitas un proceso suave para despertar. Un proceso que te permita soltar gradualmente tu identificación con el ego sin ser abrumado por el miedo.

Así que el Curso te guía lentamente. Te enseña a perdonar a una persona. Luego a otra. Luego a otra. Cada acto de perdón es un paso hacia el reconocimiento de que la separación nunca fue real. Cada paso te acerca más a la verdad.

Y aquí está lo importante: no estás solo en este viaje. El Espíritu Santo está contigo. Jesús está contigo. No como figuras externas. Como presencias dentro de tu propia mente que te aman y te guían.

Cuando las cosas se ponen difíciles —y se pondrán difíciles— necesitas saber que hay Alguien contigo que te ama. Alguien que no es tú. Alguien que ve tu inocencia incluso cuando tú no puedes verla. Alguien que te toma de la mano y te guía a través de la oscuridad.

Sin esa ayuda, sin ese consuelo, sin esa seguridad, no podrías continuar. Te rendirías. Te esconderías. Correrías en la dirección opuesta.

Pero con esa ayuda, puedes hacer el viaje. Puedes despertar del sueño. Puedes recordar quién realmente eres.

El Espíritu Santo es la llamada a despertar y a regocijarse. El mundo está muy cansado porque es la idea del cansancio. Nuestra jubilosa tarea es la de despertarlo a la Llamada a Dios. Todos responderán a la Llamada del Espíritu Santo, ya que, de lo contrario, la Filiación no sería una. (T-5.II.10:5-8)

La respuesta a la pregunta inicial y la única pregunta fundamental

¿Qué es el ego?

Deja que el Curso te conteste:

¿Qué es el ego? El ego no es más que un sueño de lo que en realidad eres. Un pensamiento de que estás separado de tu Creador y un deseo de ser lo que Él no creó. El ego es un producto de la locura, no de la realidad. Es tan solo un nombre para lo innombrable. Un símbolo de lo imposible; una elección de opciones que no existen. Le damos un nombre solo para que nos ayude a entender que no es más que un pensamiento ancestral según el cual aquello que se ha inventado es inmortal. El ego no es nada, pero se manifiesta de tal forma que parece ser algo. (C-2.1:4-10,2:2)

Sin embargo “¿Qué es el ego?” no es la pregunta fundamental.

En realidad la pregunta que el Curso quiere que te hagas constantemente es:

¿Quién o qué eres tú realmente?

El ego tiene una respuesta. Eres un cuerpo. Eres un individuo separado. Eres culpable. Eres especial. Eres mortal.

El Espíritu Santo tiene una respuesta diferente. Eres mente. Eres uno con todos. Eres inocente. Eres igual a todos. Eres eterno.

Una de estas respuestas es verdadera. La otra es falsa. Y la pregunta que determina tu experiencia de la vida es cuál de estas respuestas crees.

El ego quiere que creas la suya. Porque si crees la suya, el ego existe. Si crees la del Espíritu Santo, el ego desaparece.

Escucha, pues, la única respuesta del Espíritu Santo a todas las preguntas que el ego plantea: eres una Criatura de Dios, una parte de Su Reino de inestimable valor que Él creó como parte de Sí Mismo. (T-6.IV.6:1)

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UCDM GUIDE es un espacio de acompañamiento creado por David Pascual para estudiantes, facilitadores y maestros de Un Curso de Milagros, donde la profundidad espiritual se une con la claridad y la aplicación práctica.

Aquí encontrarás una guía estructurada para fortalecer tu práctica, comprender el mensaje del Curso con mayor claridad y aprender a comunicarlo y compartirlo con coherencia

No se trata de aprender más, sino de recordar quién eres y permitir que eso guíe todo lo que haces.

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